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Casa de las Dos Torres · Plasencia

Historia de la Casa de las Dos Torres

Siete siglos de la historia de Plasencia pasan por este edificio: el ascenso de un linaje medieval, su marcha forzada, el regreso de la ciudad a la Corona, el hospedaje a un rey, la ruina a manos de un ejército y la reinvención de su fachada. El color de cada capítulo identifica al linaje que entonces era su dueño.

Cronología

Rojo, los Monroy. Oro, los Carvajal. Gris, los condes ausentes. Azul, los Prieto y Sánchez-Ocaña.
1186Alfonso VIII funda Plasencia como plaza fuerte de frontera. En 1189 se instituye la sede episcopal.
h. 1300Nuño Pérez de Monroy, abad de Santander, manda labrar «para mi morada» la casa del rincón de San Nicolás.
1326Testamento del abad: la casa queda vinculada al mayorazgo de los Monroy.
1442Juan II entrega Plasencia a los Zúñiga. Hernán Rodríguez de Monroy resiste, pierde y abandona la ciudad.
1456Nace en Plasencia, probablemente en la casa, el futuro cardenal Bernardino López de Carvajal.
1487Carta de mayorazgo de Francisco de Carvajal: cita las casas que compró a la condesa de Cifuentes y «edificó».
1488Plasencia vuelve a la Corona. Fernando el Católico se aloja en la casa del 20 al 27 de octubre.
h. 1550San Pedro de Alcántara se hospeda ocho días en la sala de la torre.
1573Luis de Toro dibuja la ciudad: la «casa de los Carvajales» aparece con sus dos torres.
1602Francisco de Carvajal y Manrique, VI señor, es nombrado I conde de Torrejón.
1632Muere sin hijos el II conde. Los sucesores viven en Trujillo, Toledo y Sevilla.
1755Terremoto de Lisboa. La tradición le atribuye una grieta en la torre; los documentos no registran daños en la ciudad.
1809Hospital del Ejército de Castilla en julio; en agosto y septiembre, las tropas de Soult arrasan Plasencia. La casa queda «reducida casi a solar».
1817El conde de Torrejón la subasta. La compra Félix Luis Prieto Chamorro por 23.333 reales.
1837Tras una reventa fallida, Prieto Chamorro la recupera definitivamente.
1848Muere Prieto Chamorro. La casa pasa a sus nietos Sánchez-Ocaña.
1912–1920Reforma de Francisco Mirón: fachada neogótica y derribo de la torre suroeste.
1998Deja de ser vivienda. Comienzan años de abandono, embargos y ocupaciones.
2024Rehabilitación global del edificio para uso residencial.

1186 – h. 1300

Los orígenes: una ciudad de frontera

Alfonso VIII de Castilla fundó Plasencia en 1186 como plaza fuerte frente al reino de León, por el oeste, y frente al al-Ándalus almohade, por el sur. Tres años después tenía obispo. Tras el ataque almohade de 1196 se planeó una muralla al modo de Ávila, que acabó cercando unas 24 hectáreas, con el alcázar al nordeste y, en la mitad sur y occidental, alineados con las puertas de Coria y de Trujillo, los edificios de la jerarquía eclesiástica y de las familias distinguidas.

Aquella primera élite de caballeros tenía encomendada la defensa, la repoblación y la conquista. Los placentinos estuvieron en las Navas de Tolosa, Trujillo, Baeza, Córdoba y Sevilla. Alejada la frontera, a lo largo del siglo XIII algunos de ellos se hicieron, legal o ilegalmente, con grandes extensiones de la tierra de Plasencia. Dos fueron los hermanos Nuño y Fernán Pérez, iniciadores del linaje Monroy en Extremadura.

Vista de la ciudad amurallada de Plasencia dibujada por Luis de Toro en 1573
Vista de Plasencia, 1573. Es la imagen más antigua de la ciudad y la primera en que aparece la casa con sus dos torres. Luis de Toro, Placentiae urbis et eiusdem episcopatus descriptio. Biblioteca Universitaria de Salamanca, ms. 2650.

h. 1300 – 1442

La casa de los Monroy

Nuño Pérez de Monroy, abad de Santander, canciller de la reina María de Molina y notario mayor de Castilla, tenía sus propiedades en el sector más esclarecido de la ciudad, entre la catedral y la iglesia de San Nicolás, cuya fábrica financió junto a su hermano. Allí fundó un hospital sobre las casas de su prima Engracia y allí, cruzando la calle de Trujillo, levantó su residencia. Su testamento de 1326 lo dice sin rodeos: «las mis casas de Plasencia, que yo he y mandé labrar para mi morada».

No sabemos si compró el solar o lo heredó. Pero la proximidad de las casas de Engracia hace pensar que aquel barrio era ya, de antiguo, el de los Monroy. La casa quedó vinculada al mayorazgo y pasó a su hermano Fernán, señor de Monroy.

Bandos, muertes y una boda

El siglo XIV fue el de las luchas de bandos. En plena guerra entre Pedro I y Enrique de Trastámara, Fernán Pérez de Monroy «el Mozo» mató en Valverde de la Vera a Blasco Gómez de Almaraz; en 1369 el hijo de este, Diego, le devolvió el golpe. Sin heredero varón, el mayorazgo pasó por Estefanía Fernández de Monroy, casada con el I señor de Oropesa, sufrió pleitos y llegó incluso a manos del infante Fernando de Antequera, hasta recaer en Hernán Rodríguez de Monroy. Su boda con Isabel de Almaraz, hija del verdugo de su abuelo, cerró la enemistad y unió dos de las mayores herencias de Extremadura. De ella nació María la Brava.

1442

Los Monroy se van de Plasencia

En 1442 Juan II entregó la ciudad en señorío a Pedro de Zúñiga. Hernán Rodríguez de Monroy fue quien más se resistió. El cronista Alonso de Maldonado cuenta que «se metió dentro y se la defendió muy largos tiempos, pensando que al fin el Rey se mudaría», y que hubo «muy grandes peleas, y muertes, y robos».

«Viendo Hernán Rodríguez que la voluntad del Rey no se mudava, salióse de Plasencia con juramento que hizo de no entrar más en ella».

Alonso de Maldonado, Vida e historia del maestre de Alcántara don Alonso de Monroy

Con él se fueron a Cáceres y a Trujillo otras casas de caballeros. Plasencia perdió su voto en Cortes, y la casa de San Nicolás, a sus primeros dueños.

1442 – 1487

Un palacio señorial: la casa de los Carvajal

El hueco lo ocupó el linaje que con más empeño se opondría a los Zúñiga. El doctor Garci López de Carvajal, oidor de la Real Audiencia, consejero de Juan II y primer señor de Torrejón el Rubio, vivía en la calle Trujillo, pared con pared con los Monroy, y llevaba años ampliando sus posesiones: en 1441 permutó con el cabildo unas casas «con sus corrales y una figuera». Su hija Mencía casó con el señor de Monroy, y esa buena relación quizá explique el traspaso.

Escudo de piedra con la banda de los Carvajal en una fachada de la calle Trujillo
Escudo de los Carvajal en el solar de las casas del doctor Garci López, en la calle Trujillo. Foto: Juan Rebollo Bote, 2024

Su hijo Francisco de Carvajal siguió comprando. Hacia 1480 las actas capitulares hablan de «las casas de García Álvarez que agora son de Francisco de Carvajal»: las de los Álvarez de Toledo, señores de Oropesa, que también habían dejado la ciudad y que tenían en el barrio una torre conocida. La carta de mayorazgo de 1487 precisa que Francisco las compró a Catalina de Toledo, condesa de Cifuentes, y que las «edificó».

Por qué dos torres

De ahí nace la hipótesis más sugerente del estudio de Rebollo Bote. Una torre sería la de los Monroy; la otra, la de los Álvarez de Toledo, que quizá ocuparon aquel solar cuando el I señor de Oropesa casó con la señora de Monroy, en tiempos de Pedro I. Dos viviendas independientes que Francisco de Carvajal fundió en una. Eso explicaría que en todo el siglo XV nadie hable todavía de una «casa de las dos torres». El propio autor advierte que la cuestión no está cerrada: la torre de García Álvarez pudo estar algo más allá, en la esquina de las calles Blanca y Santa Isabel.

En esa casa, en agosto de 1456, nació con toda probabilidad Bernardino López de Carvajal, futuro cardenal de Santa Cruz.

Octubre de 1488

El rey en la torre

Francisco de Carvajal ha pasado a la historia como «el de la Reducción» por haber reducido la ciudad, junto a su hermano, a la obediencia del rey. El 20 de octubre de 1488 Fernando el Católico juró en la catedral no volver a separar Plasencia de la Corona, y durante una semana se hospedó en su casa. Durmió en la planta baja de la torre suroeste, la más antigua, en una sala de 6,30 por 6 metros y 4,25 de altura que el chantre Benavides Checa aún pudo medir a comienzos del siglo XX.

Le dieron de cenar en un cenador de la huerta, bajo un naranjo que para la ocasión se doró y se plateó, y que desde entonces se llamó «el naranjo del Rey». Como única merced, Carvajal pidió que las armas de su linaje se pusieran en la puerta de Trujillo, por donde el rey había entrado.

Siglo XVI

Esplendor de un palacio renacentista

Con un hijo cardenal en Roma y la cercanía de los reyes, los aires italianos alcanzaron Plasencia. Se renovaba la catedral, los dominicos levantaban San Vicente y Nebrija enseñaba latín en la corte de Juan de Zúñiga. No conocemos las obras de los Carvajal en la casa, pero cuesta no imaginarlas en clave renacentista. De esa época quedan en la fachada tres pequeños escudos sin bordura, los más antiguos, y otros con las armas Carvajal-Salazar del IV o V señor.

En 1573 el médico Luis de Toro la señaló con una F en su vista de la ciudad y la contó «entre los edificios más notables», propiedad del «tan ilustre y excelente en todo género de virtudes don Francisco de Carvajal, que sus antepasados fueron elevando poco a poco a un gran esplendor». Medio siglo después, fray Alonso Fernández la cita tras la catedral, el convento de San Vicente y la casa de los marqueses de Mirabel. La plaza llegó a llamarse de Francisco de Carvajal.

Detalle del grabado de Luis de Toro con las dos torres de la casa de los Carvajales
Detalle de 1573: las dos torres, coronadas con cúpulas y veletas en forma de cruz, y un jardín delante. Luis de Toro, 1573.
Escudo de Carvajal y Manrique de Lara con yelmo, en la esquina de la torre norte
Escudo de Francisco de Carvajal y Manrique, I conde de Torrejón, en el ángulo de la torre. Foto: Juan Rebollo Bote, 2024

Por entonces, los V señores de Torrejón alojaron en la misma sala del rey a san Pedro de Alcántara. Las señoras de la casa, intrigadas porque el fraile nunca deshacía la cama, abrieron un agujero en la puerta para espiarlo y lo vieron «arrebatado en oración y levantado del suelo».

1602 – 1808

Condes ausentes

En 1602 el VI señor se convirtió en I conde de Torrejón. El rango de la casa subía sobre el papel, pero el nuevo siglo trajo lo contrario: la nobleza se desvinculaba de Plasencia. El II conde murió sin hijos en 1632 y el título pasó a parientes que vivían en Trujillo, en Toledo y en Sevilla. De la casa solo sabemos por las tomas de posesión: el 2 de junio de 1672, «junto a las puertas de las casas principales del estado de Torrejón que llaman de las dos torres», el alcalde mayor tomó de la mano al apoderado de la condesa y «le entró en dichas casas». El rito se repitió a comienzos del siglo XVIII, en 1747 y en 1793. Hubo administradores; moradores ilustres, ya no.

Plano manuscrito de Plasencia de mediados del siglo XVIII
Plano de Plasencia, hacia mediados del siglo XVIII. Anónimo. Reproducido en el anexo de J. Rebollo Bote.

1 de noviembre de 1755

El terremoto que no consta

En Plasencia se repite que el terremoto de Lisboa agrietó la torre suroeste y que por eso hubo que derribarla. Las fuentes de la época dicen otra cosa. El corregidor informó a Fernando VI de que el temblor obligó a suspender los oficios y movió «con violencia edificios», pero sin «cosa grave alguna». Los sacristanes de la catedral anotaron que el predicador «se echó la escalera abajo, tras los demás» y que, pasado el susto, «en esta ciudad, no sucedió desgracia alguna». Solo Matías Gil recoge un daño concreto: el desnivel de la fachada del Ayuntamiento. Sin descartarlo, el deterioro de la torre por el seísmo solo lo ha transmitido la tradición oral.

1808 – 1810

Hospital y ruina

La guerra de la Independencia sí dejó huella. Plasencia, a medio camino entre Madrid y Portugal, fue ocupada varias veces. En julio de 1809, antes de la batalla de Talavera, los aliados instalaron en sus mejores edificios a un millar de heridos. En agosto llegó el mariscal Soult, encontró la ciudad vacía y dejó que sus soldados la arrasaran durante dos meses.

En enero de 1810 el administrador del conde pidió peritos a la Junta:

«La casa Palacio llamada de las Torres […] se hallava enteramente habitable y reparada en todas sus oficinas, ha servido de Hospital para los enfermos del Exercito de Castilla, y habiéndola ebacuado ha quedado derrotada y con tan considerables quiebras en sus puertas y dobles que no puede habitarse sin gastar muchas sumas».

Diego de Aponte, 29 de enero de 1810. Archivo Municipal de Plasencia, legado Miguel Sánchez-Ocaña
Manuscrito de 1810 con la solicitud de informe sobre el estado ruinoso de la casa
La solicitud de Diego de Aponte a la Junta de Gobierno de Plasencia, enero de 1810. Archivo Municipal de Plasencia, legado Miguel Sánchez-Ocaña, caja 102.

Los franceses volvieron a los pocos días y la tasación tuvo que esperar. Cuando llegó, en 1817, fue demoledora: la casa, «destruida por los enemigos», habría valido 259.300 reales, pero estaba «reducida casi a solar y con solas las dos torres en pie, aunque de vastante elebación, desproporcionadas para todo uso». Valor: de 30.000 a 35.000 reales. En renta, «nada vale».

1817 – 1837

La subasta

Endeudados por la guerra, el marqués de Valverde y su hijo el conde de Torrejón obtuvieron licencia real para subastar ochenta casas y solares de sus mayorazgos. En Plasencia salieron la casa grande de las Dos Torres, la de la Reja Dorada, otra junto a San Nicolás y varias más. Los pregones en la plaza mayor empezaron el 21 de agosto de 1817, y hasta el vigésimo segundo no hubo postor. El 22 de septiembre, Félix Luis Prieto Chamorro, regidor perpetuo y comisionado de Crédito Público, ofreció por la casa 23.333 reales y 12 maravedís: las dos terceras partes de la tasación.

Portada manuscrita de la escritura de compra de 1817
Escritura de compra de la casa por Félix Luis Prieto Chamorro, 22 de septiembre de 1817. Escrituras de la casa. Colección particular.
Folio manuscrito de la escritura de 1817
Un folio de las mismas escrituras. Colección particular.

No la quería para vivir. Al año la revendió a Andrés García Obejero por 33.333 reales, a censo, reservándose el jardín principal, el portal «que forma bóveda y arcos» y el corral de la noria. Pero el comprador, por «quebrantos de salud y otros infortunios», no pudo pagar. Murió, la deuda pasó a su hija menor de edad, la casa fue embargada y en 1837 volvió a subasta. Hubo una postura de 51.333 reales; al día siguiente, Prieto Chamorro ejerció su derecho de tanteo y la recuperó. Se cerraba, escribe Rebollo Bote, «un periodo sacudido de terremotos, guerras, compra-ventas varias e impagos».

1848 – 1920

La casa de los Sánchez-Ocaña, o la casa de una sola torre

Muerto Prieto Chamorro en 1848, la herencia recayó en su hija Isabel, casada con Pedro Sánchez-Ocaña, y luego en el hijo de ambos, Juan. La familia vivía a la vuelta, en las casas de la calle Blanca levantadas sobre los jardines del palacio. En 1859, una escritura repartió entre cinco vecinos el agua sobrante del caño de San Nicolás: a la Casa de las Dos Torres le tocaba regar desde las seis de la mañana del sábado hasta las diez de la noche del domingo.

Postal antigua de la Casa de las Dos Torres antes de la reforma, con fachada lisa y pequeñas ventanas
La casa antes de la reforma: fachada austera, vanos pequeños y la portada apuntada con su escudo encima. Postal antigua. Autor desconocido.
Fotografía de finales del siglo XIX de la fachada de la casa y la torre norte
La misma fachada hacia finales del siglo XIX. Reproducida en el anexo de J. Rebollo Bote.

En 1912, Juan Sánchez-Ocaña y Clavijo encargó la obra que cambiaría el edificio y hasta el sentido de su nombre. El joven maestro de obras Francisco Mirón lo convenció de derribar la torre suroeste y aprovechar su piedra para una fachada nueva. La historia de esa reforma se cuenta aparte. Desde entonces, la Casa de las Dos Torres tiene una. La plaza, que también se llamaba de las Dos Torres, tomó el nombre de Nuño Pérez de Monroy.

1920 – hoy

De vivienda a ruina, y vuelta

En abril de 1919, recién acabada la obra, se celebró en la casa una boda de la familia, y en los años veinte y treinta nacieron en ella varios de sus hijos. Repartida entre herederos, en la segunda mitad del siglo convivieron viviendas, la sede de Tabacalera, la Oficina de Extensión Agraria, la academia Luis Vives, que en Plasencia era «la de los Sendín», y un estudio de arquitectura. La última familia residente la dejó en 1998.

Las divisiones y ventas de los años ochenta trajeron deudas, embargos y abandono. En 2008 se propuso recrear la torre perdida en acero corten; en 2012 el edificio fue ocupado; en 2017 se temía por las cubiertas. La recuperación empezó con la consolidación estructural y ha culminado en la rehabilitación global que devuelve a la casa su uso de siempre: ser habitada.

Sobre este texto. Esta página resume la investigación La Casa de las Dos Torres, del historiador Juan Rebollo Bote (Guías-Historiadores de Extremadura, 2024), basada en los archivos Catedralicio y Municipal de Plasencia, el Histórico Provincial de Cáceres y las escrituras de la casa. Ver todas las fuentes.