1809: el punto de partida
Antes de la guerra la casa estaba «enteramente habitable y reparada en todas sus oficinas». Después de servir de hospital y de dos meses de saqueo francés quedó «reducida casi a solar y con solas las dos torres en pie». La destrucción se llevó la estructura interior antigua. Andrés García Obejero, que la tuvo a censo desde 1818, hizo algunas obras para volverla habitable, y los Sánchez-Ocaña, que vivían en la calle Blanca, solo las mínimas para acomodar a inquilinos o parientes. Durante todo el siglo XIX fue un caserón con dos torres desproporcionadas.
1912–1920: la reforma de Francisco Mirón
Francisco Mirón Calzada nació en 1888. Muerto su padre, tuvo que continuar su oficio de maestro de obras, y la primera de alguna importancia fue esta. En sus memorias, escritas ya octogenario, la recuerda así:
«La reconstrucción o restauración de la llamada “Casa de las dos torres”, antigua mansión histórica de Doña María de Monroy (la Brava), la cual estaba en estado casi ruinoso, motivo por el cual hoy no tiene más que una torre, logrando reconstruir la portada, justamente en su primitivo aspecto».
Tenía veinticuatro años. El dueño, Juan Sánchez-Ocaña y Clavijo, quedó tan satisfecho que lo avaló para entrar en el Círculo Placentino, el «Casino de los Señores», donde era muy difícil que admitieran a un artesano.
El derribo de la torre
Hay dos versiones. Para Mirón, la torre estaba «casi ruinosa». Para Miguel Sánchez-Ocaña, nieto del propietario, estaba «algo dañada por el terremoto de Lisboa, y sin pisos de arriba abajo, pero no como para tener que tirarla»: fue el contratista quien convenció a su abuelo, para aprovechar la piedra en la nueva fachada. El desmonte se alargó varios años, entre 1912 o 1913 y 1920. Al final de esa década la Casa de las Dos Torres tenía una, y la plaza de las Dos Torres pasó a llamarse de Nuño Pérez de Monroy.


Una fachada inventada
Mirón presumía de haber devuelto la portada a «su primitivo aspecto», pero dio rienda suelta a la imaginación. Sobre un muro casi ciego abrió más de veinte ventanas neogóticas, simples, bíforas y una trífora; desplazó la portada hacia la izquierda y le puso encima una balconada; recolocó los escudos antiguos y añadió otros nuevos. Conservó, eso sí, la portada, los leones y los pequeños óculos del último piso. El resultado responde al neohistoricismo de comienzos del siglo XX y al ideal romántico de un joven, más que a ninguna casa-fuerte medieval extremeña.


Lo nuevo se hizo con materiales nuevos: hierro en vuelos y forjados, y hormigón en molduras, escudos y relieves, lo que hoy permite distinguir cada época. Mirón decía haber sido el primero en emplear el hormigón armado en Extremadura, «donde a la sazón era desconocido». Si es así, esta casa medieval es también un pequeño hito de la construcción moderna en la región.
El siglo XX
La casa reformada volvió a habitarse. En la segunda mitad del siglo, repartida entre herederos, la planta baja alojó a la izquierda la sede de Tabacalera y a la derecha la Oficina de Extensión Agraria; en la alta convivieron una vivienda familiar, la academia Luis Vives, fundada a mediados de los sesenta, y después un estudio de arquitectura. Cada uso trajo sus tabiques.
Abandono
Divisiones horizontales, ventas, deudas y un embargo dejaron el edificio, desde 1998, vacío y repartido entre varios dueños. En 2008 se presentó un proyecto para recrear la torre perdida en acero corten, con despachos y restaurante. Muy discutido, no llegó a ejecutarse. En 2012 el inmueble fue ocupado, y en 2017 la prensa advertía del riesgo de derrumbe de las cubiertas.

La rehabilitación
La recuperación empezó por reunir la propiedad, que a lo largo de una década volvió a manos de un descendiente de la familia. En 2020 se presentó al Ayuntamiento el proyecto de consolidación, que exigió vaciar el edificio y renovar por completo forjados y cubierta, y cuyas obras concluyeron en 2022. Sobre esa base se ha hecho la rehabilitación global para uso residencial.
El historiador Juan Rebollo Bote, que visitó la obra en febrero de 2024, destacó «el mimo» con que se hacía y estos criterios:
- Los muros de piedra descubiertos quedan en parte a la vista, con sus antiguos pasos cegados entre estancias.
- Se conserva la balaustrada de piedra de la escalera, reponiendo los tres o cuatro balaustres que faltaban.
- Se preservan cerchas de madera de castaño en la planta superior.
- Se mantiene visible el tiro de chimenea del muro donde arrancaba la torre derribada.
- La nueva distribución respeta los pocos muros que han sobrevivido a los últimos quinientos años.
El edificio está protegido por el Plan General Municipal de Plasencia de 2015. Todavía no tiene declaración de Bien de Interés Cultural.